lunes, 16 de septiembre de 2013

Brindaremos por él.

Me apetece escribirte todo aquello que nunca nos decíamos.
Que no te decía. 
No consigo olvidar aquella tarde lluviosa de un septiembre cualquiera para los demás, tal vez especial para mí.
Cuando resbalaban las gotas por las ventanillas de tu coche mientras empañábamos los cristales con alientos compartidos, cuando me quitaste la ropa, y apagaste mi miedo; encendiste mi cuerpo y me quemaste.
Ahora ya no estás. Miento. Sigues estando en mi pensamiento. Supongo que incluso te quiero.
Pero como ocurre con los hombres al estilo de Donald Draper, "quererte es la peor forma de llegar a ti"
Ahora nos mandamos besos desde Santander a Madrid pero pueden que se pierdan entre tantos kilómetros o que el frío del otoño hiele lo que nació el verano del trece. 
Quédate con mi inocencia, a mi me vale con tu recuerdo.


viernes, 2 de agosto de 2013

"Voy en serio con esa chica."

Se consumían las horas rodando por la ciudad agarrada a tu espalda.
Hacía calor y agosto había llegado para recordarnos que no nos quedaba tiempo.
Les decías a tus amigos aquello de "voy en serio con esa chica, no se parece a nadie que haya conocido nunca".
Nos despedíamos con el ansia en nuestras bocas y el deseo en las manos, sin te quieros porque eramos de esos que odiaban los sentimentalismos, cruzábamos las calles con una prepotencia compartida, aspiraciones y las ganas de triunfar.
Tu tan de letras, yo tan de ciencias. Los dos tan de libros, de soberbia, de inteligencia y de egoísmo.
A ti esperaban en Madrid y yo era fiel a Santander.
Solo pensaba en ti y en que te ibas a ir.
Eras el primero-

lunes, 22 de julio de 2013

Por entonces todos bebíamos demasiado.

Sabemos que las noches son difíciles en soledad y sucias en compañía.
Que empiezo a echarte menos-
Tu me hablas de que el miedo se pierde, que no es el cuando sino el como y con quién.
¿Contigo?-
Tu me dices que siempre vas a estar conmigo.
¿Conmigo?-
Yo quiero estrenarme en tu cama.
Pero te marchas en septiembre.
¿Juntos?-
Que incluso en julio puedo empezar a quererte y no quiero perderte.
Escúchame un segundo, que te cuento un poco.

Apareciste un junio triste para complicarme la vida y el verano, los dos nos conocíamos de antes incluso creo que te odié un poco en la distancia. Rechacé tu sonrisa y las copas demás. Y un paseo por el Sardinero hizo el resto. Un beso de despedida y un reencuentro. Y de pronto el miedo.

viernes, 19 de julio de 2013

Si no se rompe la noche.

Aquel universitario brillante y guapo ahora si me pertenecía, hasta el extremo que contaba las rayas de su camisa azul y hundía mi cabeza en su hombro.
Hablábamos de triunfos y de evitar la mediocridad mientras olíamos a sal y atardeceres compartidos.
Nadie creía en nosotros, ni en un amor que caducaría en septiembre, ni en  sus aires soberbios y mi mirada perdida. Una mirada que se humedecía en momentos de tensión ante el miedo a lo desconocido.
Sus formas suaves y delicadas a veces, su iniciativa plasmada en unas manos que recorrían zonas prohibidas. Una culpabilidad que acechaba en las noches más oscuras, por aquello de la decencia que perdía entre los asientos de ese coche que nos llevaba casi al cielo.
Y luego el miedo a perderme entre sus sábanas o perderle en un avión con dirección Madrid.
Yo diecisiete inexpertos, el sumaba los veinte con pasado indecoroso.
Todos esperando lo peor, yo esperando en el portal a la hora de siempre.
Y luego el miedo a enamorarme desde julio para olvidarnos en septiembre.




viernes, 28 de junio de 2013

Tocándonos con palabras.

Todavía no hace calor, no al menos ese calor que nos abrasa la piel en forma de rayos continuos de sol y apenas hemos pisado la arena. Sólo cuento un par de baños salados y una novela sin terminar.
De cuando en cuando leo a Neruda como quién lee el periódico por la mañana.
Teníamos más de diecisiete y las ganas que empezaban a asomar entre las copas que nada conseguía llenar del todo.
Por impulso, inconscientemente, irracionalmente habíamos aprobado Selectividad y estábamos a punto de matricularnos en  cualquier facultad que separaría amistades, rompería noches, y secaría lágrimas calladas.
Nos quedaba un verano y páginas en blanco que pretendíamos llenar de historias o de besos.
Mañanas solitarias en una Magdalena que intercambiaba teléfonos y sonrisas con hombres maduros.
Unas uñas rojas que se creían mayores.





domingo, 21 de abril de 2013

Nos hemos hecho mayores y eso jode.

Mayo me está esperando con sus aires de superioridad.
Con una Selectividad a punto de comenzar y los finales que se disfrazan de principios.
Que ellas crecían y yo me anclé en una nebulosa de estrellas que no existían. Los bares ya no saciaban la sed, ni siquiera esos besos que se daban por el ansia de querernos conseguían ahogar las penas. Esas penas que acechaban hasta los domingos soleados en soledad.
Ya no me quedaban novelas por leer, ni las ganas de creer, ya no estudiaba y la superación se convirtió en utopía. No había un tú, ni un yo. Ni un ellas y yo.
Las veía tan mayores, tan seguras, tan de comerse el mundo y los labios de sus amantes, tan de devorarse y sudar sábanas.
Yo que no me había estrenado, ellas que ya tenían las bocas gastadas.
Se respiraba fracaso y el éxito de los elegidos. Yo estaba en medio.
Hacía sol y frío, me podían las ganas de perderme en tu cuerpo, de bañarme en el Sardinero, de querernos.
No sonreía con franqueza.
La seguridad se tiñó de in.



domingo, 14 de abril de 2013

Que ya no queda nada

A tres semanas de acabar el curso de las decisiones, que aún están sin tomar. Prefiero tomar un gintonic que decidir donde pasar los próximos años. 
La sociedad está en crisis, en la descomunal crisis de valores que ha conseguido absorber a los más imbéciles. Que ya nadie te invita a copas, cafés o a pasear por el Palacio, nadie se presta a dejar su chaqueta en las noches frías y se creen que un whatsapp a última hora sirve como mensaje de amor (sin botella). 
Quiero abandonar el barco pero hasta para eso me falta valor. Dejarlo todo por algo (¿mejor?).
Sobrevaloré mi inteligencia y ahora me abandona por otras. Yo misma creí que me comería el mundo y la soberbia cegó la mediocridad. 
Todos esperan mi caída en soledad, zas, sin más, verme abajo. Yo egolatra que me consideraba tan alta. 
En el suelo al ras de los sentimientos, rozando la humanidad, fría de nuevo, alejándome de la posibilidad de amar.