sábado, 14 de abril de 2012

Ladies in Bilbao.

Cuando abandonas tu sueño, mueres.


Coger un autobús de madrugada entre los bostezos y sonidos grutales que indican que el silencio es la mejor opción. No íbamos lejos pero cualquier pedazo de calle o cafetería que defiende su esquina era el mejor hotel para disfrutar. Los pies dolían y se quejaban porque nos refugiamos en tiendas llenas y vacías; la espalda pedía a gritos un asiento mientras juntas, ella y yo nos reíamos de nuestra amistad y de las demás que nos abandonaron por nuevos amores o antiguos besos. En realidad habíamos vestido una soledad incipiente con conversaciones de jóvenes viejas. Hablamos de política, de su sexo y de la falta del mio, de amor, de que quiere ser politóloga y de que yo me he perdido sin mapas. Ly necesitaba que yo velase por su sagrada siesta. Resistimos con un paraguas plegable el temporal y andamos como intelectuales creyéndonos en París a una hora de casa. Juramos conservar recuerdas a pesar de lo que ocurriese mañana.

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