viernes, 11 de mayo de 2012

Mayo.

Cuando abandonas tu sueño, mueres.
El tiempo corre, vuela, te consume y te da una voltereta revolviendo una melena que perdió el brillo en un exámen de filosofía. Y te encuentras con Mayo en mitad de la calle. Está cambiado y trae un aire raro, que ahoga, que recuerda cursos pasados. Te sonrie irónico como diciendo "que placer verte" mientras te fulmina con una mirada que cruza baldosas sucias y te recuerda lo que eras. Cuanto ha crecido. Mayo ya no es el mismo. No trae flores, ni baños de sol en un patio con jardín que guarda secretos, faldas a cuadros por encima de la rodilla y monjas que rondan con estilo ausente. No se ha puesto la camisa que me gusta, la de color bahía y cuadros que recuerdan a los apuntes. De eso si que trae, su cara expresa el cansancio y las noches en blanco manejando libros sin nombres que buscan amores.  Y de la noche pasamos a la mañana, que sin avisar te ha dejado con cinco de las de siempre preguntándose por qué parece que han pasado siglos, si solo fueron meses. Queriendo parar aquí.