miércoles, 18 de julio de 2012

Nos quedaban recuerdos y la sal del mar.

Cuando abandonas tu sueño, mueres.

Cogíamos la lancha como si del FORTUNA se tratara y sosteniendo el sombrero de paja con fuerza evitando un accidente inesperado recorríamos la bahía más azul de la ciudad más bonita. Nos queríamos o eso creía y capturábamos cada instante en nuestra mente para que jamás muriéramos en un cajón sin cerradura. Olíamos a Hawaiian Tropic y a ganas de viernes, de sábado o incluso a ganas de resaca con Martín como ibuprofeno. Madrileños que nos buscaban entre las olas, y un par de pelotas de tenis se usaban como mensajes de amor encriptados. Sabíamos que se nos acababa el tiempo juntas y que en apenas meses varios kilómetros romperían la confianza y cortarían la cuerda de la amistad.
Pero nos quedaba un verano de sol y de copas, de besos y risas, de ellas y yo.