martes, 28 de agosto de 2012

Escúchame, tú quien seas.


Bailé clavando los tacones en un suelo gastado de tantos pasos, mientras le dedicaba mi mejor sonrisa o al menos una de esas sonrisas que guardamos para ocasiones especiales y él tan moreno, y tan etéreo y tan escurridizo. Anduve los cuatro pasos que nos separaban acorde con un pensamiento que surcaba esta mente  mía tan fría, repitiéndome que yo no era de esas que se dejan arrastrar por aquello llamado amor, atracción o eso que mis amigas definen como un sentimiento confuso sincronizado que te atraviesa. Perdí la compostura y me llevó lejos, lejos de mí. Y ya no sé como recuperarme y nadie me reconoce y él, pues él, creo que mi existencia no le provoca ninguna reacción en esos mecanismos y resortes. Y yo aquí llenando una pantalla con palabras que nunca pensé que formarían parte de mi vida, yo que había renunciado a esos sentimientos evitando sufrimientos. Yo tan Chanel, el tan guapo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Buscas la mirada que te haga despertar.

Llevaba demasiado tiempo amaneciendo temprano y tres horas de sueño se convirtieron en rutina. Escuchando canciones de amor que no habían cobrado sentido hasta aquel fatídico viernes. Porque ella se perdía en  conversaciones intelectuales con un universitario brillante y guapo pero que no le pertenecía. Pensaba que no quedaba tiempo y que ya no importaba eso de dejar la puerta abierta, pero alguien entró sin llamar y la sorprendió en la pista de baile vistiendo falda y sandalias. Y empezó a imaginarse bailando con su sonrisa. Hubo dos miradas y un día de playa en medio. Y otro viernes, y dos chupitos incómodos. Y unos celos absurdos. Parecían dos jugadores de ajedrez pero solo ella había movido dos peones. Se ilusionó como nunca y trato de hacerse fría y eterna. Pero ya no comía y renunció a aquello de ser fuerte. Solo conocía su nombre pero ocupaba su pensamiento. Ella la de no al amor, ella la de la soledad como novio, ella la de cuatro frases bordes en una noche estrellada. Ella la que nunca confió en corresponderse. La que no se equivocaba. Ella se perdió en su sonrisa y tenía miedo a no verle más.

martes, 14 de agosto de 2012

EXPIRAR.

Te dejas balancear por el tiempo que te mece en su seno, mientras te recuerda que en un mes ya serás historia.
No llueve pero sigue doliendo y no hablo de amor porque nunca fui querida. Hablo de como ellas viven pasiones en camas desconocidas y yo no conozco ni mi cama. Hablo de casi diecisiete años y de casi amor, y de casi vida, y de casi madurez, y de casi amigas, y de casi perfecta, y de casi besos, y de casi primaveras. 
Y hablo de construir recuerdos solo para odiarlos al segundo siguiente, de rabia contenida en cuatro frases sin sintaxis, y de superación, y de fingir felicidad, y de bañarte con olas y sin ellas y seguir pensando que te vuelve loca el de los ojos verdes. Y de llegar a casa y encontrarte de nuevo en la salida. Y de sentirte superior por un mero mecanismo de defensa, y de empaparte de películas de Paul Newman sólo porque te enamoraste de su sonrisa. Hablo de devorar literatura como sustituto de una verdadera historia y hablo de ti sin conocerte. HABLO DE VIDA. Hablo de un bonito verano en azul y ocre. Hablo de ojos con eyeliner a lo Audrey, y de labios nude porque nunca fui atrevida en los besos, de esmaltes rojos que disfrazar mi locura. Hablo de un pensamiento arcaico en un momento moderno y de defender ideales olvidados en libros de historia. Hablo de buen gusto. Hablo de todo sin saber de nada.