lunes, 20 de agosto de 2012

Buscas la mirada que te haga despertar.

Llevaba demasiado tiempo amaneciendo temprano y tres horas de sueño se convirtieron en rutina. Escuchando canciones de amor que no habían cobrado sentido hasta aquel fatídico viernes. Porque ella se perdía en  conversaciones intelectuales con un universitario brillante y guapo pero que no le pertenecía. Pensaba que no quedaba tiempo y que ya no importaba eso de dejar la puerta abierta, pero alguien entró sin llamar y la sorprendió en la pista de baile vistiendo falda y sandalias. Y empezó a imaginarse bailando con su sonrisa. Hubo dos miradas y un día de playa en medio. Y otro viernes, y dos chupitos incómodos. Y unos celos absurdos. Parecían dos jugadores de ajedrez pero solo ella había movido dos peones. Se ilusionó como nunca y trato de hacerse fría y eterna. Pero ya no comía y renunció a aquello de ser fuerte. Solo conocía su nombre pero ocupaba su pensamiento. Ella la de no al amor, ella la de la soledad como novio, ella la de cuatro frases bordes en una noche estrellada. Ella la que nunca confió en corresponderse. La que no se equivocaba. Ella se perdió en su sonrisa y tenía miedo a no verle más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario