martes, 18 de septiembre de 2012

Llévate la noche que te conocí.

Suavemente nos íbamos deslizando en ese Septiembre de miedos, reencuentros, libros, besos de despedida y alguna bienvenida desganada. Los viernes noche se tornaban nostálgicos y aquel Call me maybe dolía más que las agujas de los tacones. Tu camisa de cuadros y mi vestido negro se hicieron amigos pero nuestras miradas esquivaban el quizás. Ahora me despierto aún a oscuras y veo amanecer desde una clase verde, como tus ojos. Dudo y se tambalean las ideas. Mi melena está más larga que nunca y las uñas ya se visten de color vino, producto de una embriaguez veraniega que teme el invierno. Y es que no me apetece otro invierno frío que solo tiene papel como refugio, me apetecen tus manos o el recuerdo de las de él. 
Un recuerdo que cura el olvido.

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