miércoles, 5 de septiembre de 2012

Ningún clavo es capaz de sacar a otro.

Me he perdido en otra boca mirando a tus ojos. He regalado mi primer beso a una persona cualquiera por tratar de olvidar tu pelo. Me he decepcionado al sentir que no eran tus labios, y un miércoles día cinco de un verano decadente he mirado al mar abrazada a otro. No he sentido nada y sólo tu rondabas mi mente mientras las ruedas de ese coche gris rodaban por el faro y mis pestañas eran golpeadas por olas de lágrimas contenidas. Su saliva no curaba las heridas que abriste el viernes y solo me acordaba de aquel jersey azul. Esquivando sus abrazos y hablando sin sujeto pasaron las horas entre los hielos de las copas y esa brisa tan propia de Septiembre, mi pelo revuelto y sus ojos fijos en mi, su boca buscando la mía y yo tratando de zafarme porque te quiero a ti. Una despedida húmeda y yo seguía con tu nombre tatuado en el alma. Casi diecisiete, dos besos mojados y tú como anfitrión.

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