domingo, 28 de octubre de 2012

Esta noche es para que la subrayen.

Sobrepasados los diecisiete. Pasadas las doce, y su pelo casi negro. Ellas volvían a perderse entre las calles del frío octubre o se revolcaban en sábanas húmedas, mientras yo olía a papel tintado recién impreso, a bolígrafo de punta fina y a VOGUE. Los domingos lo eran más que nunca y lo sábados solo crecían en las pestañas de las satisfechas. Ellas que volvían a los amores de invierno sin que ni siquiera yo hubiese terminado  los de verano. Ellas que huían entre copas de mi compañía intelectual, para abrigarse en fuertes abrazos que intuían sexo juvenil a raudales. Ellas que seguían subidas a tacones de aguja para llegar a sus labios más fácilmente, yo que había bajado a las bailarinas por aquello de recuperar la esencia. Ellas que crecían rápido, yo que leía novelas a ritmos insospechados. Ellas que apostaban por el fucsia en las uñas, yo que me decantaba por el borgoña o la francesa como infaliblemente infalible. Ellas y yo. El principio del fin. 

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