viernes, 28 de junio de 2013

Tocándonos con palabras.

Todavía no hace calor, no al menos ese calor que nos abrasa la piel en forma de rayos continuos de sol y apenas hemos pisado la arena. Sólo cuento un par de baños salados y una novela sin terminar.
De cuando en cuando leo a Neruda como quién lee el periódico por la mañana.
Teníamos más de diecisiete y las ganas que empezaban a asomar entre las copas que nada conseguía llenar del todo.
Por impulso, inconscientemente, irracionalmente habíamos aprobado Selectividad y estábamos a punto de matricularnos en  cualquier facultad que separaría amistades, rompería noches, y secaría lágrimas calladas.
Nos quedaba un verano y páginas en blanco que pretendíamos llenar de historias o de besos.
Mañanas solitarias en una Magdalena que intercambiaba teléfonos y sonrisas con hombres maduros.
Unas uñas rojas que se creían mayores.