lunes, 22 de julio de 2013

Por entonces todos bebíamos demasiado.

Sabemos que las noches son difíciles en soledad y sucias en compañía.
Que empiezo a echarte menos-
Tu me hablas de que el miedo se pierde, que no es el cuando sino el como y con quién.
¿Contigo?-
Tu me dices que siempre vas a estar conmigo.
¿Conmigo?-
Yo quiero estrenarme en tu cama.
Pero te marchas en septiembre.
¿Juntos?-
Que incluso en julio puedo empezar a quererte y no quiero perderte.
Escúchame un segundo, que te cuento un poco.

Apareciste un junio triste para complicarme la vida y el verano, los dos nos conocíamos de antes incluso creo que te odié un poco en la distancia. Rechacé tu sonrisa y las copas demás. Y un paseo por el Sardinero hizo el resto. Un beso de despedida y un reencuentro. Y de pronto el miedo.

viernes, 19 de julio de 2013

Si no se rompe la noche.

Aquel universitario brillante y guapo ahora si me pertenecía, hasta el extremo que contaba las rayas de su camisa azul y hundía mi cabeza en su hombro.
Hablábamos de triunfos y de evitar la mediocridad mientras olíamos a sal y atardeceres compartidos.
Nadie creía en nosotros, ni en un amor que caducaría en septiembre, ni en  sus aires soberbios y mi mirada perdida. Una mirada que se humedecía en momentos de tensión ante el miedo a lo desconocido.
Sus formas suaves y delicadas a veces, su iniciativa plasmada en unas manos que recorrían zonas prohibidas. Una culpabilidad que acechaba en las noches más oscuras, por aquello de la decencia que perdía entre los asientos de ese coche que nos llevaba casi al cielo.
Y luego el miedo a perderme entre sus sábanas o perderle en un avión con dirección Madrid.
Yo diecisiete inexpertos, el sumaba los veinte con pasado indecoroso.
Todos esperando lo peor, yo esperando en el portal a la hora de siempre.
Y luego el miedo a enamorarme desde julio para olvidarnos en septiembre.