lunes, 16 de septiembre de 2013

Brindaremos por él.

Me apetece escribirte todo aquello que nunca nos decíamos.
Que no te decía. 
No consigo olvidar aquella tarde lluviosa de un septiembre cualquiera para los demás, tal vez especial para mí.
Cuando resbalaban las gotas por las ventanillas de tu coche mientras empañábamos los cristales con alientos compartidos, cuando me quitaste la ropa, y apagaste mi miedo; encendiste mi cuerpo y me quemaste.
Ahora ya no estás. Miento. Sigues estando en mi pensamiento. Supongo que incluso te quiero.
Pero como ocurre con los hombres al estilo de Donald Draper, "quererte es la peor forma de llegar a ti"
Ahora nos mandamos besos desde Santander a Madrid pero pueden que se pierdan entre tantos kilómetros o que el frío del otoño hiele lo que nació el verano del trece. 
Quédate con mi inocencia, a mi me vale con tu recuerdo.